El modelo de suministro y consumo de energía actual, basado en los combustibles fósiles está siendo cuestionado por la vinculación de estos combustibles al problema del cambio climático, y por la contaminación ambiental que ocasionan. Cada vez son más los países que han decidido adoptar políticas para facilitar el desarrollo progresivo de fuentes alternas, lo cual se ha interpretado como el inicio de una transición energética mundial principalmente hacia las energías renovables. La puesta en práctica de estas decisiones de diversificación energética toma su tiempo, por lo cual el mundo sigue siendo en la actualidad altamente dependiente de los combustibles fósiles. Más aún, la expectativa de las agencias internacionales especializadas es que la demanda mundial de energía seguirá aumentando sustancialmente y que los combustibles fósiles seguirán teniendo una participación importante en el suministro en las próximas décadas. Sin embargo, existe también el convencimiento cada vez más extendido de la conveniencia de no demorar la transición energética en virtud de las ventajas que ofrecen las fuentes renovables en términos de su facilidad de implantación, posibilidad de ofrecer servicios energéticos a quienes aún no lo poseen, y crear un modelo más equitativo y responsable con el ambiente, es decir, un modelo sustentable. Los costos cada vez más bajos y competitivos de la energía renovable están impulsando esta transición.

La dirigencia política en Venezuela parece no haber internalizado aún este escenario probable de transición energética que afectará la demanda petrolera. Se sigue dando por sentado la disponibilidad de una demanda importante en un horizonte futuro extendido, lo cual se traduciría en la oportunidad de acceso a una renta importante persistente en el tiempo. Se siguen haciendo declaraciones políticas y circulan documentos en los que se formulan planes de incrementos enormes de la producción petrolera venezolana, precisamente para aumentar la renta.

En el escenario emergente de la transición, el incremento de la demanda tenderá más bien a frenarse hasta llegar a un nivel de estabilización, para luego comenzar a retroceder. Bajo este escenario plausible, la oportunidad de la industria petrolera venezolana de ser la “gran locomotora” del desarrollo nacional se irá diluyendo progresivamente y su potencial contribución futura será cada vez menor. En otras palabras, la idea de continuar vinculando el desarrollo nacional solamente al negocio petrolero implica un gran riesgo, porque tal negocio solo cuenta con una ventana de oportunidad temporal perentoria, que obliga a repensar el desarrollo con otros esquemas.

Ese otro esquema podría ser el de propiciar una Transformación Social-Ecológica (TSE) en el que la sociedad aprenda a aprovechar de manera óptima y descentralizada todas las potencialidades desatendidas que posee el país, apoyándose en conocimientos que contribuyan al bienestar equitativo de la mayoría sin degradar los ecosistemas y los servicios que estos prestan. Ello representaría un distanciamiento del modelo actual de producción al máximo de recursos no renovables (petróleo, oro, minerales y metales) mediante actividades extractivas degradadoras de los medios naturales, para generar una renta que por décadas ha administrado el gobierno centralizado sin lograr resolver las crisis sociales y ambientales que se agravan día a día.

No se trata solamente de crear oportunidades para la inversión privada, ir deslastrando al Estado de las innumerables actividades que se ha atribuido y generar más fuentes de empleo, es más que eso, es crear un modelo que verdaderamente vele por las condiciones de vida de los venezolanos poniendo el énfasis en la salvaguarda de los intereses generales de la sociedad mediante políticas públicas concernientes a los patrones de consumo, las estructuras y procesos de distribución de ingresos, los sistemas de producción y sus matrices energéticas, y los modos de uso del territorio y de los recursos de la biósfera.

La sustitución del modelo extractivista no es una opción, es un imperativo cada vez más urgente por cuanto la renta posible es ya insuficiente para sostener el gasto público. Sin embargo, desmontar este modelo tomará tiempo, y es mejor irlo haciendo ordenada y progresivamente que esperar a desembocar en una situación muy caótica y de enormes limitaciones. El proceso de Transformación puede dividirse en tres etapas: la primera sería una Etapa de Emergencia en la que debe darse prioridad a atender las carencias de los más necesitados y a preparar a las instituciones públicas para impulsar la TSE mediante su fortalecimiento, a ella seguiría una Etapa de Estabilización al final de la cual deben alcanzarse condiciones sociales y económicas mínimas aceptables para la mayoría, y por ultimo una Etapa de Consolidación de la TSE o de crecimiento sostenido de bienestar. En la siguiente figura se muestra esquemáticamente como seria la evolución de esta Transformación, asumiendo que se comienza a trabajar en ello a partir de 2018. El gráfico muestra la coexistencia de la renta con las actividades de impulso a la TSE.

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Las principales actividades identificadas a ser emprendidas en la Etapa de Emergencia (2018-2022) son:

Generadoras de rentas y de apoyo:
• Aumento de la producción petrolera en mínimo 100.000 BPD
• Recuperación de la producción agrícola – agroindustrial para generar mínimo 60 a 70% del consumo nacional en diversos rubros
• Recuperación del sistema de salud
• Recuperación de la industria del cemento
• Fortalecimiento de las Telecomunicaciones
• Desarrollos habitacionales

Actividades habilitantes de la TSE:
• Recuperación y fortalecimiento de la institucionalidad ambiental
• Recuperación de las Universidades/Escuelas Técnicas
• Valoración de los servicios ecosistémicos
• Revisión de los planes mineros actuales
• Ayuda a los más necesitados

En el Etapa de Estabilización (2022-2032), las actividades identificadas para la generación de bienestar social y ecológico son:

Generadoras de rentas y de apoyo:
• Aumento de la producción petrolera en mínimo 1.000.000 BPD
• Desarrollos del gas natural
• Aumento de la producción
• Usos petroquímicos
• Recuperación de la vialidad. Modernización puertos y aeropuertos
• Recuperación de las Empresas del Estado que sean recuperables
• Fortalecimiento de los servicios de agua, electricidad, transporte
• Estímulo a empresas de tecnología de la información, software, aplicaciones, etc.
• Economía del conocimiento: aporte de valor agregado mediante conocimiento
• Impulso a la Industria química

Actividades para la TSE:
• Turismo de posadas, ecológico, de aventuras
• Desarrollos agroforestales y agroecológicos
• Desarrollo de energías renovables, producción individual de energía
• Sector construcción con otros materiales (madera, bambú, etc.)
• Reciclaje urbano e industrial

Finalmente, en la Etapa de Consolidación, a partir del 2032, las actividades identificadas para lograr un crecimiento sostenido de bienestar son:

Generadoras de rentas:
• Producción petrolera estabilizada, aunque en algún momento se experimentara una reducción debido al retroceso de la demanda mundial por la transición energética hacia las energías renovables.
• Impulso a la conversión urbana en ciudades inteligentes (smart cities)

Actividades para la consolidación de la TSE:
• Producción y consumo sustentable de recursos naturales: agricultura orgánica, madera certificada, etc.
• Estabilización de la metropolización incentivando el potencial productivo de las áreas rurales
• Desarrollos biotecnológicos industriales: farmacéutica, cosméticos, etc.
• Economía de la funcionalidad (reemplazo de la venta de bienes por la venta del uso de bienes)

Estas actividades se identifican solo a título indicativo y la duración de cada etapa puede variar considerablemente, ello será función de los consensos políticos que puedan lograrse en cuanto a la definición clara del rol del Estado en la TSE, principalmente en materia energética y ambiental, en el fortalecimiento institucional y del capital humano, en la promoción de la descentralización y del emprendimiento, y en la aceptación de la adopción de modelos de negocio que permitan atraer las inversiones y tecnologías necesarias.

Imagen: Canal de Noticias

Juan Carlos Sánchez
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Ingeniero Industrial y Doctor en Ciencias Ambientales del Institut National des Sciences Appliquées, Toulouse, Francia. Consultor ambiental de empresas industriales desde 2001. Profesor de Postgrado, Facultad de Ingeniería de la Universidad Central de Venezuela. Co-ganador del Premio Nobel de la Paz 2007 por su contribución a los trabajos de captura y almacenamiento del CO2 en el Panel de Expertos en Cambio Climático (IPCC) de Naciones Unidas.

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