Durante tres lustros hemos visto cómo en Venezuela se comenzó a hacer en el mundo político algo que no había ocurrido durante la democracia civil (1959-1999), y es que desde todo el aparato del Estado se comenzó a hablar de forma oficial en términos de izquierda-derecha, patriotas-apátridas, compas-contras, pobres-ricos, blancos-negros, revolucionarios-escuálidos, ellos-nosotros, amigo-enemigo, pero siempre sin llegar al campo de la lucha existencial suma cero, muy calcado de las ideas de Schmitt (ideólogo del nazismo), amigo-enemigo, algo radicalmente novedoso, otra dinámica para un país acostumbrado a una democracia civil naturalmente moderada, donde la política era algo tangencial a la vida, no invasivo, pasamos entonces a una dinámica binaria.

Durante aquella democracia civil no había un “ellos” tan sólidamente construido, y en buena medida se debe a que tanto socialdemócratas como democristianos lograron aislar de una u otra forma a los radicales de su espectro ideológico, el chavismo por el contrario, siendo precisamente fruto de esos dos radicalismos, comunista y militarista, construyó una identidad propia en función de no-ser lo que era el otro, y caricaturizar estas diferencias.

La naturaleza del chavismo es tan totalitaria como totalizante, busca entrar en todos y cada uno de los aspectos de la vida de las personas, reduciendo a su más mínima expresión al individuo y lleva esa retórica binaria, cada vez más enraizada, a la jerga cotidiana, impulsada desde el omnipresente y omnipotente aparato de propaganda del Estado.

Por una parte la vacuidad del marketing, y por otra la petrificación socialdemócrata, permitió que el chavismo totalizara el discurso y la identidad de toda la izquierda, incluso de aquella que tanto odiaban, la adeca, obligando entonces a todo aquello no chavista a enmarcarse en “la derecha” que el mismo chavismo definió. Es así como la falta de respuesta nos llevó a un enorme pasticho donde se confunden la forma y el fondo.

La Venezuela binaria es el único país donde “la derecha” tiene como parte de su programa político el matrimonio igualitario y “la izquierda” tiene a fundamentalistas religiosos oponiéndose al amor y la igualdad, a “la derecha” exigiendo el respeto de los parques nacionales y los recursos naturales y a “la izquierda” regalando sus minas a capital extranjero a fuerza de bayonetas, a “la derecha” exigiendo un transporte público de calidad y a “la izquierda” patrocinando gasolina gratis para los autos particulares, a “la derecha” exigiendo elecciones y a “la izquierda” negando el derecho a votar de forma libre, universal, directa y secreta.

Ese pasticho de forma y fondo afecta también a los progresistas, término abarcado también por el chavismo, a pesar de que nos lleva aceleradamente al atraso, resurgiendo enfermedades que estaban superadas desde el siglo pasado; confundiendo métodos moderados con ideologías moderadas, donde es radical quien busca romper con el status quo de manera no violenta, pero se califica de “miedo” a quien te apunta para robarte derechos.

Hoy muchos que se definen rabiosamente “de derecha” lo son por y para el chavismo, existen solo para oponerse a lo que éste plantee, y por doloroso que les resulte, la gran mayoría son sus hijos bastardos, y más directamente de Chávez, quien determinó qué son y qué no, son hijos de “el legado”, hijos de la Venezuela binaria.

Imagen: Diario Móvil

Gabriel Domínguez
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Director General del Instituto Progresista. Estudios Políticos UCV. Egresado Programa LIDERA 2011. Diplomado en Liderazgo Social y Político UNIMET 2014. Diplomado en Gobernabilidad y Gerencia Pública, George Washington University 2016

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