Hoy en día se hace cada vez más asidua la discusión que pone en duda la vigencia del clivaje izquierda-derecha. Ya sea por considerarla inoperante o sin fundamentos vigentes, cada vez toma más fuerza la redefinición de este esquema político particularmente en la juventud.

Haciendo un brochazo sobre la generación millenial parece ser uno de los principales grupos que más se aleja de este canon tradicional. En este sentido, es prudente preguntarse: ¿Qué alternativas ideológicas surgen ante el posible agotamiento de la línea horizontal izquierda-derecha?

Aunque joven y necesaria, este cuestionamiento aun no parece conseguir una respuesta lógica y robusta. Más bien, la relevancia ideológica aparece rezagada en el discurso millenial.

Guillermo Aveledo Coll (2017) define la ideología como:

“Un cuerpo de doctrina posee premisas previas, es decir, un conjunto de consideraciones de valor subjetivas (concepciones del ser humano, de los orígenes y funcionamientos de la sociedad, etc.) a través de las cuales se realiza un diagnóstico sobre la realidad (pasado y presente) que pretende ser objetivo, y unas conclusiones como unas prioridades de acción para afectar dicha realidad (que pueden ser acciones transformadoras o conservadoras”

Por tanto las acciones huérfanas de una línea ideológica, están desprovistas de antecedentes históricos e inexistentes categorías mentales para entender el pasado y repensar el futuro a partir de las acciones del presente. La ausencia de este aspecto, probablemente genere incapacidad para afectar acertadamente en los problemas del colectivo. En definitiva, la no atadura a fundamentos ideológicos nos encierra en el “aquí y el ahora”, construyendo gríngolas que impiden ver más allá de la coyunturalidad.

Si volteamos la mirada a Venezuela, esta no se encuentra exenta de dicho fenómeno. Como parte de lo que fue la tesis de grado de quien suscribe, aunque el objetivo del trabajo no contemplaba tal ámbito, cuando se busca explicar las formas en como los jóvenes partidistas interpretan a sus organizaciones, resalta que quienes hacen parte de partidos opositores padecen de una des-ideologización innegable.

Por el contrario, los oficialistas aunque se descubren seducidos por el personalismo, están atados a esquemas ideológicos definitorios que no solo ejercen en el ámbito político, sino también en el personal. Ello mismo significa una navaja de doble filo, porque los expone al fundamentalismo o practicas dogmáticas.

La militancia juvenil opositora, cónsona con las carencias ideológicas, se evidencia atrapada en la coyuntura actual. Reducidos al activismo y al apoyo de causas en contra del actual sistema nacional (como por ejemplo la liberación de los presos políticos, la apertura del canal humanitario, etc.) ejerciendo por tanto una militancia que fluye entre roles operativos y los restringen de potencializar su participación en esferas más vinculantes.

Esta fluidez militante es propia en las sociedades líquidas descritas por Bauman (2007), las cuales se caracterizan por:

“El paso de una fase -sólida- de la modernidad a la -líquida-: es decir, a una condición en la que las formas sociales (las estructuras que limitan las elecciones individuales, las instituciones que salvaguardan la continuidad de los hábitos, los modelos de comportamientos aceptables) ya no pueden (ni se espera que puedan) mantener su forma por más tiempo, porque se descomponen y se derriten antes de que se cuente con el tiempo necesario para asumirlas y, una vez asumidas, ocupar el lugar que se les ha asignado”

En este sentido vale preguntarse qué capacidad de respuesta puede tener una militancia fluida en la Venezuela actual. Más aún ejercida por el sector juvenil opositor, quienes representan el segmento poblacional más grande del país y a su vez son los protagonistas de los efectos sociales que produce la crisis nacional: la diáspora, violencia, deserción académica, etc.

Aunque limitada, la investigación referida sobre la juventud militante, es útil para inferir ciertos comportamientos sobre este aspecto. A raíz de ello se hace necesario llamar la atención sobre la necesidad de, no solo re-ideologizar las juventudes partidistas opositoras, sino también, de re-politizarlas.

Con lo anteriormente explicado no se pretende acusar equivocadamente que los partidos hoy preponderantes en Venezuela no contemplan una visión ideológica, sino que, los jóvenes que militan en dichas organizaciones no lo hacen a partir de tales criterios o por la persecución del poder, sino por razones diversas que por la naturaleza de este espacio se hace imposible detallarlas.

Por otra parte, tampoco se busca hacer apología de la resistencia al cambio. Necesaria y naturalmente las formas de militancia están cambiando, pero hay causas sociales que persisten en la historia, tales como el hambre y la desigualdad, que aún siguen vigentes y no pasarán de moda. Por tanto –y asumiendo el riesgo de caer en generalidades- la política millenial no le basta con solo cuestionar el canon tradicional y promover otros distintos, ya que lo new age, posmoderno o lo nuevo en general; no implica per se que sea efectivo

Finalmente en lo que a nuestro país respecta, se hace elemental que pensar en el “aquí y el ahora” resulta demasiado laxo. Por el contrario, la juventud militante está llamada a asumir con coraje la incertidumbre para pasar de ver solo las piezas, a entender la imagen completa del rompecabezas nacional.

Imagen: PanAm Post

Verónica Chópite Abraham
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Socióloga, interesada en estudios de la juventud y procesos socio-políticos. Fanática de Mafalda y de la capacidad humana de crear.

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