El chavismo es un fascismo caribeño, eterno, como lo describió Eco, que hoy muchos hacemos nuestro, por eso el gran ganador de la era chavista es “la derecha”, tanto la liberal como la conservadora, y también el camaleónico militarismo venezolano, que siempre ha bailado al son que toque el panorama político, un militarismo que durante el trienio adeco fue “revolucionario”, que mas tarde sería “progresista” y hoy día se autodenomina “socialista”.

El chavismo ha leído muy bien a Carl Schmitt (disfrazado de Chantal Mouffé), un intelectual del nazismo, quien desarrolla la política desde el binomio amigo-enemigo, no por accidente siempre se encarga de definir a su contrario; escuálido, hijitos de mamá, majunches, burgueses, etc, y como no, también define a sus adversarios como “la derecha”.

La juventud es, ha sido, y será antisistema en especial cuando hoy, como nunca antes, los jóvenes no pueden emanciparse, es común ver a una persona de treinta y tantos años viviendo con sus padres, porque alquilar un apartamento es simplemente imposible, por eso, muchos jóvenes se ven a si mismos como gente “de derecha” generando un caldo de cultivo inmejorable para que las derechas (liberal y conservadora) pueda echar raíces en Venezuela, un objetivo inacabado durante la segunda mitad del siglo XX, que ni Uslar-Pietri, ni Renny Ottolina ni Carlos Rangel tuvieron en sus sueños un mejor escenario para fundar un verdadero movimiento de derechas.

El chavismo definió un “ellos” y un “nosotros”, construyó un escenario político marcado por el maniqueísmo de planteamientos mutuamente excluyentes, por un lado la terrible ortodoxia soviética (en su versión cubana), interpretación más retrógrada del Stalinismo, la cual nos ha traído pobreza, inflación y desabastecimiento como nunca antes en nuestra historia republicana.

Por otro lado la alternativa que se ve en el horizonte no es muy esperanzadora, hay Thinks Tanks que consideran que dejar la moneda del país en manos extranjeras, con la dolarización de la economía, y “ajustes” que implican renunciar a derechos son políticas “sensatas” y viables. Entonces las mayorías empobrecidas se despedirían de derechos adquiridos a través de años de lucha.

Si usted me lee y tiene más de 40 años probablemente no me creerá, pero basta ver como CEDICE Joven y Gloria Álvarez tienen fans a lo largo y ancho del país, y por otro lado resurge un pretorianismo disfrazado de “nacionalismo” con movimientos de jóvenes perezjimenistas. No se ve una tercera vía en el horizonte, la atomización y banalización de los contenidos en los partidos de centro-izquierda no deja mucha esperanza, a pesar de los apellidos que puedan tener los movimientos en la Venezuela de hoy, y por la inacción de los progresistas, hoy el gran ganador en Venezuela es la Derecha… De lado y lado.

Imagen: Visconversa

Gabriel Domínguez
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Director General del Instituto Progresista. Estudios Políticos UCV. Egresado Programa LIDERA 2011. Diplomado en Liderazgo Social y Político UNIMET 2014. Diplomado en Gobernabilidad y Gerencia Pública, George Washington University 2016

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