Desde hace unos meses para acá los venezolanos se han visto sumergidos en un lamentable hecho, que para colmo de nuestra realidad cada día se hace más cotidiano y se aleja de lo extraordinario que tenía antes la palabra “migrar” para nuestra sociedad. Día a día son más los venezolanos que se van, que aquellos que regresan pero que además se llevan consigo no solo un país sino una historia por contar.

Cifras, datos o números son solo estimaciones, la “verdad” nadie la conoce y quizás sean muchos los años que tendrán que pasar para que sepamos en realidad cuantos son, cuantos quedan y cuantos venezolanos nacieron afuera sin siquiera haber pisado nunca la tierra de Bolívar, aquella que un día habló de libertad y hoy hace lo contrario. Y es que la migración venezolana ha sido en los últimos años una de las más grandes en la región, no solo por su característica y forma sino por su trasfondo cultural, social, económico y en especial, político, porque de allí nace la matriz del por qué tantos sueños, cerebros y futuro deciden migrar.

Hoy en día más del 50% de los venezolanos que salen por tierra son jóvenes, sus edades rondan los 16 a 35 años de edad y con ellos viajan los sueños de sus padres, abuelos, tíos, hermanos, amigos, vecinos e incluso de aquellos que no los conocen pero que ven en su viaje, una oportunidad o una simple posibilidad de salir “adelante”. Nunca antes se pensó que aquel país que durante tanto tiempo acogió migrantes hoy le tocaría migrar, es por ello que aquí hago un paréntesis y aprovecho en nombre de todos los que hemos migrado a Venezuela alguna vez, para decirles: “¡GRACIAS! Pueblo noble que nos tendió la mano, sin mirar a quién, solo con la promesa de hacernos mejores y más grandes, hoy nos toca a nosotros hacer lo propio”.

Lamentablemente y por la realidad, mucho se habla de los que se van, de cómo surgen o fracasan, de lo que sufren o conquistan pero poco se dice sobre lo que vendrá y el futuro que estamos entregando a la soledad. Venezuela, de seguir el camino que hoy en día lleva, será uno de los países que en algunos años no tendrá juventud, pensadores, estudiantes o peor aún, una nueva generación por dejar. Y esto es algo que le debería preocupar no solo a los políticos sino a toda la sociedad, pues un país sin jóvenes, solo está destinado a esperar su hora final.

Los jóvenes de hoy, deben velar por el futuro de mañana. Si bien muchos se han ido, sus ideas, sueños y luchas por la libertad siguen ahí, presentes y latentes, por lo cual debemos levantarlas cual bandera en el aire no solo por reivindicar, seguir o apoyar sino porque debemos sembrar en aquellas generaciones que están y en aquellas por venir, lo importante que significa luchar por la libertad.

El futuro que hoy es presente, es del que migra pero sus sueños e ideales siempre quedarán, porque eso pasa con el que migra, entrega su vida a donde llega pero su alma y esencia siempre estará de donde es, sobre todo de un país que tanta libertad le dio a América y hoy se encuentra en un momento cumbre donde nos necesita, nos aclama y pide que no lo dejemos solo, ser venezolano no es estar en el lugar, es saber que cuando dices “Venezuela” dices con ello, libertad.

Imagen: La Voce d’Italia

Juan Fernando Flores
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Ecuatoriano nacido en la ciudad de Quito y residente desde hace más de 22 años en Venezuela. Estudia Arquitectura en la USB, siendo dirigente y representante estudiantil durante 2008-2013. Activista de Voluntad Popular. Asambleísta por América Latina, El Caribe y África de la República del Ecuador 2017-2021. Parte de la Comisión permanente de Seguridad, Soberanía, Integración y Relaciones Internacionales de la Asamblea Nacional.

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