La coyuntura actual del país expresa una situación insostenible, con un deterioro creciente, agravado en los meses recientes por la arremetida hiperinflacionaria. En esa trayectoria, la viabilidad de la sociedad venezolana tiene grandes interrogantes. A pesar de ello, también existen opciones que el país puede transitar para modificar radicalmente la actual dirección. Es por ello conveniente visualizar el tipo de sociedad que podemos construir en las próximas décadas, y especialmente, identificar los primeros pasos que deben darse cuando existan las posibilidades.

Una primera aproximación, al menos extendida en cierta dimensión, es que siendo un país con muchos recursos bastaría simplemente con eliminar la corrupción, o introducir cambios macro-económicos, o buscar gente competente para el gobierno. Un examen general de la evolución del país indica que es mucho más complejo. Tales cambios son todos necesarios, pero realizarlos no significará que se pueda alcanzar automáticamente una ruta de desarrollo sostenible y de amplio bienestar para la población.

Visualizar requiere mirar hacia el futuro. Es decir, preguntarse cuál es la evolución que se puede seguir en las condiciones de partida, pero también formular las alternativas que podrían llevar a una situación más favorable. La historia del control de la malaria ofrece una gran lección para los venezolanos de esta época. A principios del siglo XX, el país estaba totalmente afectado por la malaria, una de cada de tres muertes se producía por esta enfermedad. Sin embargo, la visualización que se hizo de un país sin malaria fue lo que condujo que pocos años después se tuviera la mayor área conocida de erradicación en el mundo.

Visualizar en la segunda década del siglo XXI supone, en primer lugar, examinar el contexto global. Una primera constatación es que las sociedades se están dirigiendo a consolidar el conocimiento como la fuente fundamental de la riqueza. Ya en los países más avanzados la proporción de empleos con mayores capacidades analíticas está creciendo más que los empleos de competencias repetitivas, los cuales pueden ser sustituidos por dispositivos de inteligencia artificial. En muchos países, según el Foro Económico Mundial, en las próximas tres décadas la mitad de los actuales empleos serán sustituidos por dispositivos de inteligencia artificial. Es por esa razón que China se ha propuesto ser la primera potencia de inteligencia artificial en el año 2030.

Conviene, en consecuencia, examinar cuáles son las tendencias para la creación de una sociedad del conocimiento en Venezuela. Para ello imaginemos un viaje al pasado. Supongamos dos países a principios de la década de los años sesenta del siglo XX. El primero, con un PIB per cápita de cerca de 1.100 dólares y mejores indicadores tales como la expectativa de vida y mortalidad infantil. El segundo, con una séptima parte del PIB per cápita del primero, y con peores indicadores sociales. Se pudiera haber pensado que el primer país, por llevar la delantera, hubiera podido llegar a mediados de la década actual a tener casi 26.000 dólares de PIB per cápíta de capacidad de compra internacional. Sin embargo, la realidad indica que no fue el primer país, sino el segundo.

El primer país es Venezuela. El segundo país es Corea del Sur. La diferencia entre ambos países tiene que ver con lo que producían y con lo que ahora producen. En palabras de Adam Smith, Corea del Sur tenía mayor diversidad y, por ende, mayor “cantidad de ciencia” que Venezuela en 1960. De hecho, incluso actualmente Venezuela tiene una economía menos diversa que la que tenía hace sesenta años. En otras palabras, Venezuela tiene menos “cantidad de ciencia” en la actualidad que en 1960. Tal como se observa al analizar el índice de complejidad económica, publicado por el Observatorio de Complejidad Económica del MIT, Venezuela se encuentra entre las economías de menor complejidad en el mundo. Justamente lo contrario a una sociedad del conocimiento.

En consecuencia, visualizar el futuro del país supone partir de una orientación distinta. El primer paso para la transformación profunda de Venezuela supone avanzar hacia la construcción de una sociedad del conocimiento en las próximas décadas. Es la dirección para convertirnos en un país viable, moderno, próspero e inclusivo. Es un desafío sin par.

Imagen: Canario del Mundo

Marino González
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Profesor Titular de la Universidad Simón Bolívar. Miembro Correspondiente Nacional No. 39 de la Academia Nacional de Medicina. Médico (UCV), Magister en Ciencia Política (USB). Ph.D. en Políticas Públicas (Universidad de Pittsburgh, EUA). Coordinador de la Unidad de Políticas Públicas de la Universidad Simón Bolivar.

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