Objetivo 1: Poner fin a la pobreza en todas sus formas en todo el mundo.

Han pasado 143 años desde que Karl Marx escribiera, en su crítica al Programa de Gotha, “De cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades”. Aquello que el filósofo alemán proclamaba como el estado superior de la sociedad comunista se ha quedado corto ante lo que propone la ONU: debemos poner fin a la pobreza en todas sus formas en todo el mundo. Los actores internacionales han reconocido que hemos distribuido mal e inequitativamente los recursos, que el sistema capitalista es desigual en la producción, distribución y acceso a los bienes y servicios y que un gran esfuerzo mundial hace falta para erradicar la pobreza.

En primer lugar, poner fin a la pobreza lleva consigo una lucha ideológica, política y comunicacional, entender que la pobreza no es una situación dada, que es falso que nacemos pobres y morimos pobres, desde los tanques de pensamiento, universidades, partidos conservadores y liberales no ha faltado quien justifique que los pobres son pobres porque quieren serlo y que nunca saldrán de ahí, falso, la pobreza es producto de un sistema que genera bienes y servicios para aquellos que pueden pagarlo y los que no pueden pagarlo los expulsa, los excluye y los perpetúa en su condición de débiles.

En segundo lugar, la lucha contra la pobreza lleva consigo asumir que no hay mundo sustentable mientras haya desnutridos, personas que no tienen acceso a servicios básicos como agua potable, luz eléctrica o salud. No tiene sentido que un país desarrollado genere excedentes de bienes y servicios que otro país no pueda comprar ni consumir, no tiene sentido un mundo donde el acceso a un automóvil sea más prioritario que el derecho a acceder al agua potable o a los alimentos. La lucha contra la pobreza es la construcción por la equidad mundial, es la posibilidad de reducir conflictos globales a mediano y largo plazo, es la lucha por un planeta donde tus hijos y nietos puedan “vivir”.

Vayamos a los alarmantes datos: 836 millones de personas viven en pobreza extrema, 1 de cada 5 personas de las regiones en desarrollo vive con menos de 1,25 dólares diarios, 1 de cada 4 niños menores de 5 años no tiene una altura adecuada para su edad, las tres regiones más pobres del mundo son África, Asia Meridional y América Latina (casualmente las zonas más mega diversas en fauna y recursos naturales), es decir, zonas donde se pronostican conflictos socio ambientales en las próximas décadas.

En Venezuela, la última encuesta ENCOVI refleja que 87% de los venezolanos son pobres de acuerdo al ingreso. Menudo desafío que nos demanda el país en los próximos años, no asumir la erradicación de la pobreza como un objetivo prioritario nos condenaría a ser una sociedad fallida en la época de la innovación y el conocimiento.

Luchar contra la pobreza en Venezuela requiere de una agenda que priorice al menos los siguientes aspectos:

Aplicar políticas de subsidios directo a los pobres extremos y críticos: Todo gobierno que quiera avanzar en Venezuela hacia niveles de progreso y bienestar debe priorizar de emergencia la atención de la población en pobreza extrema y crítica, en ningún caso debería de tratarse de subsidios universales sino que debe seleccionarse a la población en pobreza extrema y crítica e ir haciéndole seguimiento a sus indicadores. El programa de Luis Pedro España, La Tarjeta Solidaria de Henri Falcón y la propuesta de Leonardo Vera de los 4.5 millones de hogares apuntan acertadamente a lo que debería hacerse.
Aplicar un plan de infraestructura de bienes públicos: Las aguas servidas y el saneamiento, la atención primaria en salud, entre otros, deben ser políticas prioritarias para una transición, ante el inminente interés de querer priorizar la infraestructura desarrollista de los puertos, aeropuertos y carreteras por parte de los capitales que buscarán márgenes rápidos de rentabilidad. No atender a la población más vulnerable con bienes públicos de calidad que disminuyan su condición de débiles los condenaría a enfermedades y a la pobreza estructural (una sociedad con pobres no puede desarrollarse).
Un plan para el empleo decente y productivo: Que pueda aprovechar el bono demográfico aún existente y que pueda brindar capacidades de negocio para el emprendimiento, el comercio para mujeres en pobreza entre 18 y 45 años, incentivar y promover la formación en oficios, bancarizar la economía informal, utilizar las ventajas de la economía compartida, entre otros.

La lucha por cumplir las metas de la agenda 2030 debe iniciar ya.

Imagen: UNESCO

José Requena
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Director de Proyectos del Instituto Progresista. Internacionalista. Esp. Planificación y Asesor en Políticas Públicas.

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